El Programa Nacional de Salas de Lectura se inicia en 1995, contando con la participación de dos estados de la República Mexicana; actualmente participan todas las entidades del país, cubriendo la mayor parte de nuestro territorio nacional y varias ciudades de Estados Unidos de Norteamérica.
En este programa participan: el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; las Secretaría de Educación y Cultura; los Consejos e Institutos de Cultura de la República Mexicana; la Secretaría de Relaciones Exteriores y personas voluntarias, convencidas de la importancia de formar lectores en su comunidad.
El propósito de la integración de este grupo de participantes es el de crear Salas de Lectura en los distintos estados del país y en comunidades de mexicanos que radican fuera del territorio nacional, en las que se fomente el gusto por leer, principalmente, entre los jóvenes y adultos.
Las Salas de Lectura son espacios dotados con libros variados, atractivos y de calidad, en los que un grupo de personas, coordinado por un promotor capacitado, leen, comentan y disfrutan la lectura, a través de diversas actividades del préstamo a domicilio de los libros. En las Salas de Lectura se realizan sesiones semanales (con una duración mínima de dos horas continuas) en las que llevan a cabo diversas actividades gratificante y placentera. Ellas también, como ya se dijo, se prestan los libros a domicilio, lo que permite continuar y extender los beneficios de las Salas de Lectura a las familias de los participantes.
La operación de cada Sala de Lectura es flexible. El Coordinador de Sala, diseña su propia forma de trabajo con base en el perfil, los intereses y las necesidades de los participantes. En ellas se da especial atención a la formación de lectores jóvenes y adultos, aunque también se incorporan grupos de niñas y niños. El acervo de las Salas de Lectura es proporcionado por las instituciones organizadoras. A cada Sala de Lectura se le asigna un paquete de libros seleccionados para satisfacer diferentes intereses de lectura.
Se debe tomar en cuenta que este acervo es un apoyo para iniciar la operación de la Sala, por lo que se requiere de la iniciativa y las aportaciones de los participantes para enriquecerlo con otros libros y material de interés. En medida que el coordinador de Salas de Lectura entregue al Instituto de Cultura o Consulado de su estado, informes periódicos que muestren los avances de su trabajo, se evaluará la posibilidad de otorgarle más títulos para incrementar el acervo.
Con base a la cantidad de libros y las características del grupo, el coordinador de Sala diseñará el sistema que mejor le convenga. El acervo de una sala de Lectura cuenta con un número limitado de libros, por lo que es importante crear conciencia en el grupo de acudir a bibliotecas, ferias del libro y librerías para incrementar las opciones de lectura.
Sonora es el estado del norte de México con mayor diversidad étnica.
En esta región del noroeste del país habitan ocho etnias de manera permanente: siete originarias y una con asentamiento de poco más de un siglo, además de casi una decena de pueblos oriundos de otras regiones de México con aproximadamente tres décadas de residencia.
Conforman este vasto horizonte cultural los pueblos kuapak (cucapá), tohono o’odham, comcáac (seri), o’ob (pima), makurawe (guarijío), yoeme (yaqui), yoreme (mayo) y ki wika pa wa (kikapú). Residen también en Sonora triquis, mixtexos y zapotecos, entre otras etnias migrantes, que por decenas de miles participan activamente en la economía sonorense.
Los registros censales oficiales dan cuenta de la diversidad lingüística existente en las localidades urbanas y rurales del estado. Pero, sobre todo, la vida cotidiana nos expresa un paisaje humano y geográfico diverso en todas las expresiones de la cultura.
La permanencia de los pueblos y su reconstitución cotidiana son el resultado de su deseo de persistir a través del tiempo y de su clara actitud para erigirse entre las demás sociedades, reclamando una presencia y construyendo una identidad.
El libro fue coordinado por Tonatiuh Castro Silva, y en ocho secciones diversos investigadores abordan los orígenes, antecedentes históricos, medio ambiente, demografía y lengua, indumentaria, infraestructura y vivienda, alimentación, economía, artesanía, organización política y social, religiosidad y relaciones interétnicas, de Makurawe (Guarijío) y Yoeme (Yaqui), por Macximiliano Muñoz Orozco; Comcáac (Seri), escrito por Alejandrina Espinoza Reyna; O’ob (Pima), con la investigación de Zarina Estrada Fernández, Ana María Ramírez Barceló y María Guadalupe Soltero Contreras; Yoreme (Mayo), por Antolín Vázquez Valenzuela y Cruz Elizabeth Encinas Yocupicio y Kuapak (Cucapá) y Ki wika pa wa (Kikapú), desarrollados por Tonatiuh Castro Silva, y Tohono o’odham, escrito por Macximiliano Muñoz Orozco y Tonatiuh Castro Silva.